Fragmento de “HOTEL POTOMAC” de Roger Rondon

No hay ningún país del mundo que mate un billete, estos se extinguen por el desuso, el deterioro y porque dejan de ser práctico, mentira sólo en la India y en Venezuela, en mi país queman los billetes en un patio cercado de milicos.

La quema de los billetes de cien (100) bolívares es un lujo que se dará el necio de Miraflores, el desletrado, desalmado, las piezas del nuevo cono monetario no llegarán a corto plazo, lo cual afectará principalmente a distintas poblaciones de la provincia no bancarizadas. Al día siguiente el legislador propuso que se mantenga en circulación, de forma indefinida, todos los billetes del cono monetario actual, aun los de cien (100) bolívares. También planteó una campaña informativa, realizada por el Banco Central, sobre el papel moneda que entrará en circulación, no hicieron caso a las advertencias de los profesores de Economía de la Universidad Católica porque es que todos ellos son de la derecha del Vaticano. La escasez de billetes es proporcional a la inflación. Mientras más suba la inflación, más billetes se van a requerir.  El nuevo cono monetario no durará ni un año. Ni hablar, pero voy hablar de las colas que deben hacer las personas y la incertidumbre presente en el ámbito. Al realizar el cálculo total se tiene que para una receta de cincuenta (50) hallacas se necesitan casi 120.000 bolívares, es decir, 4,4 salarios mínimos (Bs 27.092). El costo también podría cubrirse con dos bonos de alimentación (Bs 63.720), pero hay que tomar en cuenta que la mayoría de los ingredientes aumenta su valor cada 48 horas. Entre noviembre y la y el 25 de diciembre se registra un incremento de más de 40.000 bolívares, lo que es igual a 71,4%. Hace mes y medio el kilo de carne de res (ganso), esa que se pica en cuadritos para el guiso navideño, pasó de 4.200 a 7.980 bolívares, un incremento de 90%. Un comportamiento similar ocurrió con el kilo de pernil que pasó de 4.000 bolívares a 7.200, subió 80%. Los compradores están conscientes de que la situación hace que los productos aumenten, pero aun así no dejan de sorprenderse. Hace menos de un mes la carne la conseguía en 4.200 y ahora, de un día para otro, subió a 7.000 bolívares. Mis cálculos los hice con los 4.200. Imagínate. Para los venezolanos es costumbre que los ingredientes para las hallacas aumenten mientras se acercan las fechas navideñas, pero eso no deja de lado las conversaciones y quejas por lo elevado de los precios. “Para esta fecha el año pasado yo tenía cuadrado todo para las hallacas del 24 y el 31, pero este año ni sabemos qué haremos. Así no se puede”, le comentaba un hombre a otro en el camino de “bachaqueros” que debe atravesarse en Quinta Crespo. Las compras se alejan de lo que acostumbran los vendedores en esta época. Un carnicero señaló que esperan más clientes el 23 y el 24, pero a pesar de eso no será la cantidad que fue el año pasado. Lo máximo diario que te entrega el cajero del Banco alcanza para el pasaje de autobús, uno o dos viajes.
Los comercios tampoco se ven abarrotados. Aunque muchos tienen precios similares hay algo que los diferencia: los que aceptan el billete de 100 bolívares y los que tienen colas para los puntos de ventas. Dentro de Quinta Crespo y Guaicaipuro las filas para pagar dan vueltas a los puestos. Algunos vendedores que no tienen la tecnología les piden el favor a locales vecinos por un porcentaje de la venta. Fuera de Quinta Crespo pueden encontrarse buhoneros, garimpeiros, bazuqueros, rematadores de caballo, vendedores de dupletas, hombres que viven de la caza, la pesca y la recolección, con puntos inalámbricos y los que gritan que aceptan todo el efectivo, desde billetes de 5 bolívares hasta los de 100.

Cuando se encendió la cruz del Ávila, el 1ero de noviembre, una hallaca costaba entre 1.400 y 1.600 bolívares. La primera semana de diciembre el precio oscilaba entre los 2.000 y 2.100 bolívares. Actualmente el valor se ubica entre 2.400 y 2.600 bolívares. El incremento de los precios hace que la intención de preparar 50 se reduzca a 30, para algunos comensales. El kilo de pimentón se conseguía en 1.600 bolívares hace mes y medio, ahora se encuentra en 4.500 y 5.000 bolívares. Con la cebolla ocurre igual. Pasó de 1.200 a 3.000 bolívares. Las familias tratan de calcular cuánto gastarán, pero es algo incierto. Un hogar de seis personas acordó que cuatro de sus miembros aportarían 15.000 bolívares para realizar al menos 30 hallacas y “20 bollitos”. Las compras sobrepasaron el presupuesto. “Uno trata de hacer las hallacas por la tradición, es el único gusto que nos podemos dar. Pero la verdad es que no provoca, es que no parece diciembre y no provoca ni salir a comprar”, dijo una de las mujeres de esa familia, quien me pidió porfa no ser identificada. Su hermana coincidió con ella. “No es posible que este sea un mes de diciembre, que tengamos que hacer colas para comprar y gastar nuestra plata. Que las colas para pagar sean así y todo suba. Esta ciudad está muy triste y la gente está muy mal tanto en lo psicológico como en lo psicológico. La gente se siente triste y eso está en el ambiente, en el techo de todos los apartamentos, en todo el cielo del Ávila”. Ambas señalaron que cada día los precios subían y ninguno de sus cálculos se les acercaba. Compraron la mayoría de los ingredientes en el mercado Guaicaipuro, menos la harina de maíz. No la consiguieron en ese lugar, pero una amiga de la familia logró comprarles varias a precio justo. Las mujeres aprovecharon para denunciar, yo qué puedo hacer para ayudarles, si soy un pobre poeta, centinela de las palabras, que la bolsa de comida los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (alias CLAP) no ha llegado a la comunidad de Sarría a pesar de que ya la pagaron en efectivo porque no aceptan transferencias. Por la falta de seguridad de los alimentos decidieron comprar los ingredientes a los costos del mercado. La última vez que el CLAP les dio una bolsa fue hace un abril, antes de eso no recuerdan. El régimen, el movimiento prefiere destruir todo lo que se mueva porque detrás de cualquier vibración puede estar un amago de resistencia, oposición o contestación. En la medida en que sus bases sociales se deterioran, el esfuerzo por acallar lo diferente es mayor, lo que explica el recurso a la represión brutal, cero manifestación, cero huelgas, cero marchas, el socialismo del siglo 21 no es un jueguito de carritos. Seres serviles, seres focas que no ponen en duda que entregar toda la selva amazónica a empresas foráneas para la explotación minera, por ejemplo, es un acto antipatriota. No es que yo estoy creyendo que los principales vendedores de armas y democracia van a venir a resolvernos el problema, yo milité en la liga socialista, el asunto es que yo no estoy escribiendo para defender a un color, yo defiendo a un barrio, a unos vecinos, a unos compañeros del equipo de baloncesto, a unos albañiles que ni para el pasaje llegan.

El Banco Central (alias BCV) incluirá seis nuevas denominaciones al cono monetario nacional a partir del 15 de diciembre de este año, hoy es 30 de diciembre y no lo han hecho realidad, así lo informó este domingo en un comunicado.  La introducción de nuevos billetes de 500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000 bolívares representa el regreso al papel moneda de las cifras  con tres ceros, esas mismas que quiso desaparecer la reconversión monetaria implementada en 2008 y que puso en circulación al denominado “bolívar fuerte”. Es realmente un eufemismo decir el sunma cum laude de Miraflores. Hace ocho años, el tutela inició una campaña para simplificar las transacciones de los venezolanos. A partir del 1 de enero de 2008, el billete de 1.000 bolívares perdió sus tres ceros para convertirse en 1 bolívar fuerte y así las demás cifras se redujeron en tres dígitos. El proceso del canje entre billetes y monedas duró más de seis meses y para principios de 2009 Caracas ya se cotizaba en una moneda “fortalecida”. La medida pretendía hacer más eficiente el sistema de pagos (al manejar cifras más pequeñas) y reforzar la confianza en la moneda. El Estado quería lograr tres objetivos: una economía fuerte, un bolívar fuerte, un país fuerte. Todo fuerte como un macho machote, sano sanote. Sin embargo, casi nueve años después, esos propósitos se quedaron en el papel: la economía, lejos de crecer, se sumergió en una de las peores crisis de su historia. Deberían cerrar todas las facultades de Economía donde estudiaron y egresaron éstos ñángaras. A mí no me interesa que si el general Pérez Giménez, que la autopista para el aeropuerto, que si el teleférico de Mari Pérez, que el general era progresista, que Comte, que ese gobierno era mejor, yo no quiero pasado, me interesa el presente, estamos aquí, ya pasó la derecha con todas sus fechorías, los zar de Guayana, el barco Sierra Nevada, pero y el presente, los jeep de Ciliberto, los apartamentos de Ibáñez, las haciendas de Gómez, os juro, ya basta del pasado, tenemos que enfrentar, entrompar al presente.
Antes a alguien se le extraviaba un billete de cien bolívares y sentía una gran pérdida. Ahora no es así. Entre noviembre del 2008 e igual mes del 2016 la caída del poder de compra del salario integral, con bono de alimentación, mejor no lo digo.

Aunque el Banco Central no ha informado este año, fuentes estiman que la inflación podría superar 700%, con lo cual su aumento, desde que está el bolívar fuerte, llegaría al menos a 2.165,37%.

En 2005 el Madrid estrenó la película en la que Máximo Canales que estaba alejado de la política y se había ganado la vida como pintor, interviene en el papel de un aficionado que estimulaba a los chicos de su barrio a jugar. Al Madrid le pareció una gran idea, a Di Stéfano no. Se invitó a Máximo Canales al estreno, que se hizo en el propio palco del Bernabéu, lo que tampoco le pareció una gran idea a Di Stéfano. En ese afán comercial del Madrid de estos tiempos, se intentaba buscar un abrazo de perdón, una foto que contribuyera a lanzar la película. Di Stéfano se negó. Accedió a hablar con él, pero no le quiso ni dar la mano. “Usted hizo pasar mucho miedo a mi familia. No tenemos nada de qué hablar, la bronca, ¡me chupa un huevo lo que usted piense!”.

Las protestas de los últimos días por el caos generado por la falta de efectivo y la salida de circulación –ahora restituida hasta el 2 de enero- del billete de 100 bolívares se unieron a las que se han dado durante todo el año por la falta de alimentos, de medicinas, de servicios o en contra de la inseguridad.
Las acciones del gobierno en contra de la población han quebrado la lógica social: “Se ha perdido la capacidad de predicción hacia el futuro y de respuesta inmediata. La gente está en (un estado de) incertidumbre, eso hace que las sociedades entren en estado de neutralidad porque no saben cómo moverse, qué hacer”. Advierte que “una de las políticas más importantes del gobierno es generar desesperanza”, y apunta que los niveles de violencia a los que se han llegado en algunos estados, como Ciudad Bolívar, donde se presentaron saqueos en comercios, no es una situación conocida para los venezolanos. El único antecedente, dice, es el Caracazo y tuvo un origen diferente. “Lo que ocurre es que hay momentos puntuales en que la neutralidad cambia y se convierte en una reacción de masa, muy mal organizada. Las reacciones están mal dirigidas, porque no hay ninguna dirección. No hay una ruta clara, definida y satisfactoria. Uno de los graves problemas es que lo que desea el común de las personas en la calle no necesariamente se ve reflejado en las políticas de los dirigentes de la oposición”.
Las recurrentes decisiones contradictorias del régimen convierten a la población en una “olla de presión sin válvula de escape”. “Después de días de tensión y disgusto para entregar los billetes anuncian que tendremos la posibilidad de usarlos unos días más. Volvemos a las colas de comida y cajeros desautomáticos, pero sin saber si mañana ilegalizarán otros billetes, otras costumbres o cualquier cosa que forme parte de las ocurrencias del régimen”. Esto hace que los estallidos ocurran de a poco, con las consecuencias menos convenientes y menos justas contra los menos adecuados; y que se deshilvane cada vez más la confianza, que es “imposible de reconstruir por decreto”.
La situación de estrés de la sociedad venezolana pasó de ser crónica a inescapable, advierte el locutor de la radio de frecuencia modulada. “Hagas lo que hagas quedas atrapado. Eso hace que la situación se vuelva patologizante y produzca problemas de ansiedad, de depresión o de somatización como problemas de presión arterial, sexuales o cardiovasculares”. Además, la pérdida del discurso coherente de las figuras de autoridad da paso a una sociedad en situación esquizofrenizante.
“En general en los medios de comunicación no ves a nadie hablando de lo que está pasando, tenemos una realidad disociada. Se sustituye la realidad de las malas políticas en comida, insumos médicos y servicios por una en la que todo está bien. Las personas, al vivir en dos realidades, pueden caer en cuadros de psicosis y de ira. Una psiquis bombardeada constantemente se va a fracturar y se produce una esquizofrenia colectiva”, dice el conferencista del Banco Patagonia.
Los saqueos que ocurrieron el fin de semana en el estado Bolívar, y los disturbios en otros estados, entran dentro de lo que se llama “horda primitiva”. “Se ha naturalizado la falta de normas como forma de convivencia y el caos como manera de resolución de conflictos”. Así, el individuo trata de protegerse creando fobias como el miedo a la noche o a la calle, desconfiando de todos, incluso de las autoridades, deprimiéndose como mecanismo de defensa para que otro resuelva aquello que causa problemas, o asumiendo una actitud psicopática o disocial en la que se transgreden normas y se violenta a otros, como se vio este fin de semana.

 

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