Fragmento de “Mi abuelo Jesús León” de Ramón Eduardo León Govea

Cuando escucho noticias agradables, insuflo una gran bocanada de aire que se amontona en la parte interna de mi pecho, por largo rato me siento que libero peso indeseado, lo que luego me parece a que descargara un molestoso obstáculo que llevara sobre mi espalda. Así fue mi sensación cuando en dedicada búsqueda encontré en un deposito insospechado, el viejo retrato del abuelo, allí estaba, sereno e inalterable a como lo vi por última vez hace un millón de años, ahora lo detallo mejor y encuentro en las facciones del abuelo, un extraordinario parecido físico con papá, la genética no engaña. Al contrario, la herencia en los genes nos ayuda a identificar una insospechada cadena de comportamientos y modismos que directa y automáticamente nos asocian a familiares cercanos.
Bien, eso es lo que precisamente pude determinar al examinar con ojo crítico e incisivo, el pomposo retrato de mi abuelo Jesús León, le descubrí un parecido innegable a mi padre y también a mi hermano menor Edgar David, esto no sin antes limpiarlo del espeso polvo que lo estuvo cubriendo por décadas. Primero comprobé que el material aun se encuentra invulnerable al paso del tiempo, ni los largos años, ni la humedad, ni los ácaros han podido minar la estructura del ostentoso marco, tampoco la impresionante fotografía de mi difunto abuelo ha sufrido serios daños. Allí está él, con mirada desafiante y orgullosa, trajeado con corbata oscura, afeitada impecable y buenmozo, me atrevería asegurar que tenía una estatura por encima del promedio, lo espigado de lo que demuestra su fisonomía me permite presumir que en efecto fue un hombre alto, de figura atlética y sobre todo bien parecido. Esto lo digo porque lo veo en la inequívoca imagen de su retrato, me estoy basando en hechos fehacientes, sin sentimentalismos familiares.
Además mi aseveración la podría sustentar en que la fisonomía de mis nueve hermanos no es para nada despreciable, todos ellos son de buen mirar y aspecto; salvo yo, claro está, que bien pudiera presentar mejor aspecto físico del que tengo, pero me empeño en parecer un descuidado rocanrolero que insiste en mantener el cabello y mostacho largos y despeinados.No así Jesús León, esta imagen del retrato lo certifica, allí se puede validar que él a diferencia de mi, si cuidaba de cultivar su imagen.
El análisis crítico que hago de su soberbio retrato me abrió la lógica a pensar que más que por sus monedas y negocios varios, era por su físico que el infiel de Jesús León armonizaba con las chicas del momento, seis hijos con tres mujeres diferentes no pueden dejar mucho espacio para las dudas y los debates. Esa suerte de lotería genética entre mis hermanos, solo pudo ser heredada por el mayor de nosotros los varones, que además heredó su nombre de pila; Jesús Augusto León Govea, este otro Jesús es el único de nosotros que no ha tenido que esforzarse mucho para conseguir chicas. Suerte que tienen unos.

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