Poemas de TALLADO DE SOMBRA de Víctor Vielma Molina

La soberbia no pudo exceder la altura de la ceniza

En aquella ciudad
muchos pugnaban por la postrimería del crepúsculo
A los templos acudían demagogos de espinosas retóricas
Con sus pompas rompían el escenario de la calma
A sus rituales venían príncipes de abundante ocultación
Con ostentosas vestimentas y pantagruélico apetito
obnubilaban a las grandes multitudes
Hablaban del árbol de pan y monedas de oro
Ofrecían ilusorios cuernos de abundancia
Ofrendaban a su dios vidas de inocentes
Con sucio dinero añejos licores y sangre virgen
procuraban impunidad
Nadie olvidó venir a las ceremonias
Un humilde poblador anteló su protesta
Una ubre de luz emergió de la población
Sensatas voces retumbaron ante sordos dioses
Las multitudes se hicieron proclama de justicia
La soberbia no pudo exceder la altura de la ceniza
Los gobernantes apagaron sus dicterios
Salieron en desbandada
Los pobladores dejaron la indolencia
Arrasaron con la sordidez
Las luciérnagas vinieron a esplender barrios y recodos
Los escarabajos limpiaron de impurezas la ciudad
El sol de la franqueza vino a alumbrar la sensibilidad del espíritu
de aquella ciudad que se abre futuro en las puertas del amanecer


Surgías como si la Mano de la vida te destilara

Viajábamos hacia el espejo más rotundo de la ciudad
hasta derramarnos en su océano de incertidumbres
Amándonos lo surcábamos hacia resurgentes civilizaciones
Nos apropiábamos de las viandas del amanecer
La sombra temblaba hasta el escándalo
Se estremecía la tierra ante nuestros vestigios
Yo como vendedor de milagros e invocador de serpientes
no hacía más que relatar tu infame abandono
Desvelado en la espera goteaba en amanecer
Yo sobrevivía como un crápula en la estrechez
de la enferma atmósfera de los suburbios
Cuando estaba socavado por la pena
resurgías como si la Mano de la vida te destilara
Tu aliento me lanzaba a la ebriedad del almizcle
Sosegabas el estupor mientras aplastabas mi soledad
Te enaltecías hasta asfixiarme en herejías
Envuelto en tu amapola recibía tus caricias
Yo abría el aire para esculpir tu azucena
En el heraldo de tu mirada oía los pasos de tu alma resonar
Remecías los pasillos de mi espíritu
Desgarraba el recuerdo donde el presente se detiene
Agitaba azules alacranes para catar la menta de tu ponzoña
Te amaba como el cóndor herido que remonta alturas
Tus alaridos reventaban jaurías
que levitaban en el acuchillado horizonte
Allá donde el rubio sonido del azabache
encendíamos el crepitar del agua
Devorándonos llegábamos al recóndito pasaje de la luz
Éramos límpidas lampreas
que trascendían rubíes de infinita grieta
El dolor trasegaba el congrio con que nos alabábamos
Sentíamos ríos subterráneos
cuando entrábamos a la alcabala íntima
Surtiéndote de lava en la más ampulosa provocación
cautivabas mis exultadas colmenas
Saboreabas ácidos de mi polvoriento sino
Paladeabas amargos cítricos tras el durmiente alcanfor
En tu albur te precipitabas en gigantesca burbuja
Saturado de ilusiones me dejabas en orfandad
Reducido en la más vil pobreza venías por mis escombros
Iniciáticos nos hundíamos en el dominio de la cristalizada sierpe
Como encendidos araguaneyes
alfombrábamos el huerto de la noche
Asidos al relámpago partíamos hacia el tropel de relojes
Con el sinuoso oráculo de la desnudez
surtíamos el cielo de enfebrecidos moluscos
Donde gemían cronómetros y aleros estertóreos
la paz llegaba en el carruaje de la lumbre de tus ojos
Escrutabas el aroma de la centella que yo exhalaba
Te desmontabas de la nube opalina de tus infiernos
para lacerar mi alma con tus encantos
Libabas el licor de siete aromas
hasta las más rotunda infracción
Mordías el esmalte de siglos
como quien consume olas junto a la piedra calcinada
Al quiebre de mis desventuradas fuerzas
te desvivías por la existencia que me abandonaba
como la mar que no alcanza a remontar montañas


¿Detrás de tanta agonía habrá alguna recompensa?

Vinieron a ofrendarnos con el fruto de sus crímenes
Trajeron el licor de la vid y ramas de olivo
Liberaban blancas palomas
Hedonistas sometieron con su resentida vanidad
Soliviantaron a una de las naturalezas de la nación
que por el mismo dolor querellábamos
Se hicieron gobernantes amparados en nuestra indolencia
Lo tóxico de su universo y del nuestro tergiversaba la historia
El dolor que nos diferenciaba
venía de más allá del acuchillado horizonte
Con quiméricas razones buscaban aturdir el espíritu
Con el fusil que empuñaron nuestros emancipadores
ultrajaron libertades
Todo se volvía un asunto de sobrevivencia
Construimos trincheras ante el mismo Dios que amábamos
Nos humillábamos sin conciliar con el espíritu de la otredad
El sometimiento traía la sierpe del emponzoñado cangrejo
Su gestión de abandono desprendía el ultraje de Caín
Vinieron a golpearnos con su desprecio
Envenenaron el humor en los cangilones de la fraternidad
Nos enrolábamos con el amanecer para impedir el maltrato
La esfinge fue condenada a inenarrable destino
La transgresión contra el amor la ocultaban
Ante la impasible deidad ansiábamos detener el escándalo
Queríamos ausentarnos de la sentencia final
Buscábamos lavar el dolor en la sed
que nos separaba del destierro
Antes de salir a aniquilarnos
los oíamos rezar nuestras oraciones
Con unilateral poder dispararon contra la inerme protesta
Con la profanación de costumbre
pagábamos el derecho a ser mortales
Sobre los caídos difamaban contra lo que amábamos
Como la salamandra pariendo futuros sobrevivíamos al fuego
Detrás de tanta agonía parecía abatirnos la pena
Vivir aquella noche de cortantes filos fue cuestionable
Cuando la victoria parecía inminente Ave de Fénix
los perros de la guerra bifurcaban el camino
Nuestras naturalezas conciliaron sobre el mismo terrón de tierra
Acordamos convivencia desde la raíz al todo del árbol que somos
Será que cabe preguntarnos
si después de tanto naufragar ante Dios
¿habrá alguna recompensa?


Collage

Viajé al Infierno de Dante para percibir la grandeza heroica
que Jorge Luis Borges atribuía a Paolo y Francesca
Celebré cuando descubrí que se amaban
por encima del pecado, el castigo y la muerte
Con ellos exalté la sonrisa del beso Pop Art
del collage cotidiano de Tom Wesselmann
Ante los encantos de la tintorera que sedujo a Maldoror
aclamé cuando pavorosamente la eternidad
engullía a dentelladas al Conde de Lautréamont
Soñé que Walt Whiltman celebraba el humor de Mark Twain
cardaba la mar de Hermán Melville y Ernest Hemingway
Sentí las manzanas que golpeaban la espalda del insecto Samsa
de aquel Kafka masticado por la monomanía de Clarice Lispector
Fui expectante del héroe que públicamente se desnudaba
cuando las horas derretían los relojes de Salvador Dalí
Apologético festejaba el estallido de la luz de Armando Reverón
Con el regocijo de Juanita su mujer y sus muñecas de trapo
me aferraba a la mar luminosa de Macuto
Escuché a Edvar Munch dar El Grito
de aquEl borracho que vino a morir
en el capcioso cielo del plato de Marc Chagall
Sin dejar de pensar en la granja de George Orwell
César Vallejo bajaba por el jueves de aquel lluvioso Paris
hasta darle a Dante Alighieri el duele de su último viernes
Amadeo Modigliani
después de comerse a Pablo Picasso y a su manzana cuadrada
se fue a beber la alegría en el último bar del camino
Terminó en el Hospital de la Charite donde declararon su muerte
Y lo peligroso que es mezclar la ingesta de alcohol con artistas


Quisimos detener la ansiedad en el borde de la nada

La sombra entraba calzada de silencio
Buscaba romper la sustancia
Nos resistíamos a que viniera a ungirnos con su ropaje
Llegaba hasta nosotros con toda la eternidad a irrespetarnos
Éramos solidarios ante las embestidas de la adversidad
Mientras amanecíamos conspirando contra la tiranía
buscábamos que el diamante de la existencia
conjurara contra el dolor
Quisimos detener la ansiedad en el borde de la nada
Donde la sombra llegaba a desnudarse
dejábamos correr nuestro río de luz para abrirla en orillas
Intentábamos sedarla de amor en sus dimensiones
Cuando llegábamos donde el consciente delata
descubríamos que faltaba querencia
en aquel costado del abandono

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