“Di Stéfano piensa que es una broma de sus compañeros de club”. Fragmento de HOTEL POTOMAC de Roger Rondón

Es un regalo del tiempo, y me digo, el hecho de que al final, de aquellas tumultuosas, irreductibles pasiones se perfile un paisaje simple, un cielo claro, un río, la silueta de un árbol en la tarde. Es tan hermosa, ella era una chica plástica, sudan chanel nomber tri, donde amanece un dólar, su libertad, oye latino, oye hermano oye amigo nunca descanses, con modelos importados, busca el fondo, estudia, trabaja, sé gente primero, de gente de carne y hueso que no se vendió, orgullosos de ser latino, ¡apaga ese radio coñó!, ésta desgracia de cuerpo allá y de corazón acá, qué es lo que pasa camaleón, cambia la envidia que me tienes, sigo fuerte cada año, y yo sin poderte hablar, tú serás mi amante y yo sin poderte hablar, un corazón agonizaba, podrá notar nuestras miradas, ay coño el temblor la sabrosura de ese movimiento, al fin ya estás aquí, imagínate que yo no soy yo, que soy el otro hombre que esperabas ver, apaga la luz un instante, que me engañas es la última vez en un trozo de papel, misterioso, apasionado, pero te dejo y me marcho, la calle es una selva de cemento, donde quiera te espera lo peor, si lo meten preso sale al otro día porque un primo suyo está en la policía, todos comentan nadie lo delata, en la cintura de esa güerita está todo el sabor del mundo, fulanita está embarazada y no sé de quién, el mercado era el lugar para comprar verduras, ahora mercado significa otra cosa. ¿Cómo ha cambiado la Economía el significado de las palabras?.

Di Stéfano piensa que es una broma de sus compañeros de club y contesta al compañero que atendió el fono: “Si quieren hablar conmigo, que suban ellos, déjense de joder”. Y se da la vuelta para seguir durmiendo.

Al poco rato llaman a la puerta, el fenómeno abre, aparecen tres sedicentes policías junto al conserje, le dicen que él tiene que acompañarles a la comisaría. Di Stéfano lo debe comunicar a Muñoz Lusarreta (Vicepresidente, a cargo de la expedición) o a Agustín Domínguez (Secretario de la Gerencia), pero los tombos le dicen que va a ser sólo un momento y que le urgen. Santamaría, compañero de cuarto o vecino de habitación, bueno, mejor dicho, cuya habitación se comunica por una puerta directa con la habitación de Di Stéfano, ha escuchado voces y amenazas, entonces pasa y le insiste en que hable con los directivos. Pero Di Stéfano, urgido por los policías, no le hace caso y sale de la recámara mansamente.

Abajo le meten en un carro, vendan los ojos, ponen unas gafas oscuras, le dicen que esté tranquilo y empieza un baile. Primero van a un apartamento, luego se dirigen a una casa de campo, finalmente llegan a otro apartamento o piso por el centro de la ciudad, cerca de la avenida Baralt. Él, vendado, no puede identificar los trayectos.

A la una de la tarde, un portavoz de la Organización subversiva llama desde un aparato público al Potomac, de esos que tienen un círculo para discar en forma analógica y necesita una moneda de la más baja denominación, un mediecito o 0.25 bolívar, habla con Muñoz Lusarreta y le dice que Di Stéfano está bien, que no sufrirá ningún daño.

La Organización era un movimiento contra el presidente apátrida de Rómulo Betancourt, lacayo y lamberrabo y pitiyanqui que acaba de ganar las elecciones libres y donde habían participado los partidos inscritos.

La llamada tranquiliza relativamente al plantel. Enseguida se recuerda el secuestro por los castristas, cinco años antes, del gran piloto Fangio en La Habana, liberado después del Gran Premio que se le impidió correr.

A Santiago Bernabéu el asunto le pilla pescando en Santa Pola, desde donde ordena a Muñoz Lusarreta que siga al pie de la letra las indicaciones del embajador español, Matías Vega. Dispone que todos los jugadores abandonen el Potomac y pernocten en la Embajada de España. El embajador prácticamente se instala en el Ministerio, para seguir el proceso, junto al ministro de relaciones interiores Carlos Andrés Pérez, él mismo que catapultó la frase: “disparen primero, pregunten luego”.

En Caracas, la policía peina la ciudad, la policía tira redadas en las barriadas, cédula de identidad contra la pared ciudadano, Di Stefano no aparece. El apartamento donde le esconden no tiene ni una cama, sólo un sofá, continuamente tiene vigilancia armada. No le dejan asomarse a la ventana exterior, aunque por el ruido deduce que está por el centro, ruido de tráfico y smog en el aire, la voz de vendedores, ¡café, cigarros, café!, ¡la moringa!, ¡el matachiripas!. El jefe del grupo es hijo de asturianos, le insiste que le soltarán pronto, le hablan de la justicia de su causa, pero Di Stefano está nervioso, sospecha que en cualquier momento le amputarán un dedo.

Sólo puede comer perritos calientes, no le entra otra cosa al estómago, aunque se esfuerzan en darle bien de comer. Hasta el día siguiente que le traen una paella, encargada en un restaurante de prestigio, fueron hasta la Plaza Venezuela y encargaron un arroz marinera blindado con su copita de jerez, pimientos morrones con doble ración de camarones y langostinos en un bar famoso llamado “La Caleta”. Juegan con él a las cartas, a los naipes, a las barajas, apuestan a los caballos en compañía, le permiten escuchar por radio el partido que juega el Madrid, luego lo apagaron y le dijeron: acostáte fenómeno.

El Madrid renuncia al compromiso de jugar en Bogotá la semana siguiente, ante el Millonarios club, por lo que iba a percibir 25.000 dólares. El contrato se resuelve amistosamente.

Paul del Río quiere convencer al fenómeno por qué toda la humanidad debe pensar como piensan los hombres que militan en la izquierda, era como un interrogatorio final, un método para convencerse definitivamente que jamás sería un tránsfuga, en ciertas peluquerías del este de Caracas, las charlas cotidianas de las clientes, de las acomodadas mujeres, de las señoras de las clases A y B, hablan, denigran y desbarran del mono y de los monos que habitan las barriadas, sin reparar que esos mismos monos les lavan los cabellos y le hacen la pedicura, son las cachifas que alimentan a sus hijos, lavan la ropa de sus familias y les mantienen sus jardines, ¡que poca vergüenza!. En los llanos los dueños de hatos extraen enormes ganancias con la venta de cueros, ganado en pie, carne salada y seca, de lo cual sólo un porcentaje ínfimo llega a manos de los peones, se enriquecen gracias al trabajo de los pobres pero a fin de año o de mes no comparten sus ganancias, son avaros. En los valles centros costeros, la instalación del sistema de plantaciones para la explotación de cacao, caña de azúcar y café dieron origen a una fuerte concentración de la propiedad territorial y de la riqueza en manos de las familias mantuanas, han poseído la tierra y gobiernan a los indios, negros esclavos, mestizos y zambos, blancos de orilla, de antes, antecedentes de los hoy llamados monos. Los negros de origen mandinga eran los más desobedientes en opinión de los amos por eso les comparaban con el demonio, de allí la adecuación de mandinga con el diablo. ¿Dónde nos equivocamos?. El buen gobernante no es aquel que sabe cómo se gobierna sino el que conoce con qué elementos está hecho su país. No se trata de quitarle a los ricos para obsequiar a los pobres, ni de aumentar impuestos para los ricos ni expropiar, se trata de disminuir la pobreza. ¿Por qué no somos como Estados Unidos?. Bueno, qué querés que te diga, porque ellos fueron colonizados por ingleses, que son gente ordenada, organizada e industriosa. Esto es mitad mentira y una media verdad. Los comerciantes nuestros están más interesados en la ganancia fácil y rutinaria que en la inversión y el trabajo productivo. Una persona mantuana ganaba 102 pesos per capita al año, un peón 6 reales. ¿Cómo le parece?.

El fenómeno le contestó. Todo, todo termina en que cuando te toca a ti ser gobierno, administrar el presupuesto de la ciudad, los habitantes terminen devengando salarios dignos que les alcance para ir al súper, eso no pasará nunca con la izquierda, ustedes son escandalosamente autoritarios, les encanta lo estándar, no aceptan las jerarquías, siempre van hacia un solo canal de tele, de radio, de prensa, de revista. Al menos con los gobiernos de derecha los pobres y la clase media tienen mejor calidad de vida, más libertades, quizá a los seres que andan en pobreza crítica les conviene más el comunismo, no sé, me parece.

La compañía Petrolia del Táchira fundada por emprendedores genuinos en 1875 funcionó hasta 1934 porque el presidente de turno cedió las concesiones a las compañías gringas de Pensilvania, hizo lo mismo que en 1959 el presidente de turno acabó con el sistema de ferrocarriles en el país para ser sustituido por el sistema automotor, darle prioridad a la Crysler, a General Motors y Ford, llevar los alimentos desde la cordillera Andes hasta Caracas en gandolas y no en las vías del tren.

Un pedazo de tela para lustrar el calzado, un gorro de baño, un peine, un frasco minúsculo de sal para la tina, otros frascos con champú y acondicionador, todos con el logo del Hotel Potomac.

Al frente está una redoma o rotonda con grama podada y una bandera gigante izada a media asta por un luto que ya nadie recuerda.

En el liceo regalaban un periódico ruso traducido con un español de España que nosotros poco entendíamos, allí empecé a militar, me leí un artículo de un pintor ruso llamado Nicolás Ferdinandov que tenía el sueño de crear una embarcación para navegar por las Antillas y montar puros artistas en el barco.

Los de izquierda, Los de izquierda escuchan en sus autos modestos por la autopista Francisco Fajardo a todo volumen el último larga duración de cantantes como Noel Nicola, Silvio Rodríguez, Facundo Cabral,  Violeta Parra o Los Guaraguaos. Los de izquierda sueñan con el bienestar de mayorías. Los de izquierda pelean contra la tiranía, versus la hegemonía en el poder contra su propia familia si la arbitrariedad lo intenta. Los de izquierda les gusta el color rojo porque así se ponen si la infamia no desaparece.

Los guerrilleros dicen que son héroes, mártires, abandonan todo el confort para irse al monte, a asaltar bancos para que triunfe la soñada revolución marxista, hablan como si no fueran violentos, como si bajo el hombro no anduvieran con un fusil y dispuestos a disparar al enemigo, los guerrilleros no sirven para nada después que cesa el combate, los guerrilleros no son gerentes sociales, lo de ellos es la violencia. Cuando llegan los tiempos de paz se quedan desempleados.

Su operación más recordada fue la del secuestro del fenómeno un día sábado de la habitación 219.

El futbol es cosa seria, en la rueda de prensa, en la pared del fondo detrás de los micrófonos duermen los papás de los helados, ves la propaganda de Masterd, Visa, American, Adidas, Cerveza Heineken, FIFA, Procter and Gamble, Coca Cola, Firestone, y para usted de contar las grandes empresas que reinan en el capitalismo mundial, la gran aldea global, los verdaderos negocios, los amos y señores del mundo por más de tres siglos.

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