La pornografía, como la belleza, está por entero en los ojos del que la contempla

julio 28, 2019 Sultana del Lago Editores 0

La piel cromada de un revólver, una cicatriz justo arriba de unas nalgas son bellas y pornográficas como el consolador guardado en el bolso de una dulce abuelita, como el humo del cigarrillo post coitum, como un chupetón en el cuello, como los quejidos ratoniles de una cama, como una Lolita saboreando un nutritivo plátano frente a un monasterio, como el letrero parpadeante de un hotel, como una cerveza fría a las tres de la mañana, como los vidrios empañados de un coche, como los sonidos líquidos de una felación, como los diamantes que brillan en el semen esparcido sobre una vulva, como una televisión encendida iluminando la ropa vacía de dos mujeres y un hombre, como un condón usado sobre un buró, como una delicada tanga que se desliza en un camino largo y sinuoso, como el jazz que se oye a lo lejos mientras los besos y las caricias son sólo el preámbulo del próximo acto que terminará con la luz azulada del amanecer, como un par de piernas femeninas enfundadas en seda, como un repartidor de pizzas, como una doctora, como una profesora de secundaria, como una playa, como un perro, como un caballo, como una muchacha embarazada, como un muchacho negro, como la caca, como un tatuaje.

Francisco Enríquez Muñoz: “Mi verdadera vocación creo que sería la de actor porno, pero resulta que me he dedicado más a esto de la escritura que a la fotografía”

julio 23, 2019 Sultana del Lago Editores 1

Gracias a un libro de poemas de Mario Benedetti, “El amor, las mujeres y la vida”, a mis tiernos 20 años, logré conquistar el corazón y el cuerpo de un par de teiboleras (bailarinas eróticas, desnudistas). Yo a ellas les leía un poema y decía que era mío, de mi puño y letra, y ellas me creían y me invitaban cervezas y me llevaban a un privado y no me cobraban el rato (ni las cervezas) porque decían que me amaban mucho. Incluso, cuando yo no iba a verlas al antro, ellas me llamaban por teléfono y me preguntaban cómo estaba, si todo estaba bien y por qué no había ido a verlas y que me extrañaban. Y cuando yo tenía como 14 años, iba casi diario al súper a manosear un libro sobre sexualidad humana que contenía un montón de fotos de desnudos, coitos y felaciones. Ese libro era muy caro y nunca pude comprármelo, pero durante dos años fui diario al súper, a la sección de libros y revistas, sólo para ver esas imágenes. Lo malo es que un día, ahí en el súper, tuve una poderosa erección que no se me bajaba con nada y tuve que ir al baño a masturbarme. Antes caminé como pato de lado a lado por el súper. Más de una muchacha se dio cuenta.